LOCOS EN MI VIDA UVE-PALITO-PALITO (USÉASE, VII)

agosto 5, 2008

EL HOMBRE QUE TE JODE LA NOCHE (PERO EN BROMA PORQUE ERES MUY MAJA)

Glenclous salió de su casita cierta noche de abril, con la intención de cenar con un amigo que había conocido recientemente. Ese fue el primer error. Cuando llegó al lugar de la cita comenzó el desastre. Al parecer el buen señor, tras leer parte de este blog llegó a la conclusión de que Glenclous era una loca que sólo sabía hablar de sexo y contar chistes, así que decidió hacérselo saber a lo largo de la noche de la manera más jocosa posible. Y cuando digo “a lo largo de la noche” quiero decir que estuvo interrumpiendo sistemáticamente cada una de las conversaciones de Glenclous a la voz de: “Tú eres una guarra, ¿no?”. Y cuando digo “de la manera más jocosa posible” quiero decir que se moría de risa de su propio chiste cada vez que insultaba a Glenclous.

-Pues me estoy leyendo un libro que…

-Oye, qué guarra eres. Jajaja, qué gracia tengo.

……….

-Ayer me compré unos zapatos de color…

-Tú eres muy guarra, ¿no? Jajaja, qué risa.

……….

-Tengo planeado viajar a…

-A algún sitio donde haya tantas guarras como tú. Jajaja, no te molestarás, ¿verdad?

……….

-Pues ese día fue muy triste porque…

-¿Porque eres una guarra? Diosssss, qué risa me da, ¡Y qué guarra eres!

En fin, que aunque Glenclous tenga sentido del humor y conteste con salero a la bromita, a partir de la quinta ya dejó de hacerle gracia. Y a partir de la vigésima ya tenía las narices oficialmente hinchadas. El segundo error consistió en que, por aquello de ser cortés y no largarse directamente, decidió tomarse una copa rápida tras la cena y ahí la terminó de fastidiar.

-Oye guarra, (jajaja, qué guasa tengo), vamos a pillar coca a un bar que conozco.

-Por enésima vez, ya vale con la bromita porque ya no me hace puñetera gracia. Y pilla lo que quieras, pero yo paso.

-Venga mujer, un gramito de nada entre los dos. No seas… ¿Cómo decírtelo? ¡GUARRA! jajajajaja.

-Mañana madrugo y tengo que tener buena voz a las 8 de la mañana, así que me tomo un zumo y me voy. Además no siento ninguna curiosidad por saber de qué modo me vas a insultar cuando además de borracho estés drogado.

-Juaaaaas, tía, me encanta tu sentido del humor. Vengaaaaaa, que es broma. Un gramitoooooo, porfiiiiii.

-No, y si sigues así, ni copa ni leches. Me voy ahora mismo y ahí te quedas.

-No, por favor, no te vayas. Es que me encanta el placer de tu compañía. Siento parecer grosero, pero de verdad que son bromas porque me encanta tu sentido del humor.

Tercer error de Glenclous: No mandarle a la mierda en ese instante y acceder a quedarse. Entraron en el bar y él cambió de broma: De llamarla guarra pasó a insistir en el temita del gramo. Cuando vio que por ahí no iba a conseguir nada, confesó que lo que le ocurría era que le faltaban 30 € para financiarse el esnifable y pretendía que Glenclous ejerciese de socia capitalista de su nariz.

-Porfaaaa, préstame dinero…-pisotón a Glenclous-. Jajaja, qué gracioso soy.

-No, y te estás pasando.

-Pleaseeeeee, déjame y tú te quedas con la mitad el material-agarrada del escote para que todo el bar viese lo que había debajo-. ¡Mira qué escotazo llevas, guarra, juasjuasjuas!

-Me estás tocando ya mucho las narices. Y por cierto, deja mis tetas tranquilas

-Mujer, si es broma, qué poco sentido del humor tienes. Además soy gay, ¿qué más te da? Vengaaaaa, déjame dinerooooo.

-Gay o no, las enseño cuando quiero y a quien quiero y ni este es el momento ni tú eres la persona a quien me apetece enseñárselas, así que déjalas tranquilas.

-Jajaja, qué divertida eres. Vale, perdona-pellizco en el brazo-. Déjame pastaaaaa, por favoooor.

-Hasta aquí hemos llegado. Me voy a casa.

-No, me voy a casa yo, que eres una antipática y no quiero pasar más tiempo contigo. Será borde la tía esta…

Así que se levantó, cogió su abrigo y se fue todo digno para no volver. Y Glenclous se fue a su casa con un cabreo tremendo, no por el idiota al que había aguantado, sino consigo misma por no haberle mandado a la mierda después del tercer “eres una guarra, pero te lo digo en broma”.

A la mañana siguiente, Glenclous recibió un correo electrónico lleno de risas y buen humor en el que el buen señor agradecía la fantástica noche que había pasado. Y ella se quedó mirando el moratón de su brazo que le había quedado de los pellizcos de broma, los zapatos manchados por los pisotones de broma, la camiseta con la tela estirada en el escote de broma, y se preguntó dónde van las hostias que deberíamos haber dado y nunca dimos. Algunas veces eso de ser educada es una mierda.

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EL TÍO QUE TODOS DESEAMOS TENER

EL VENDEDOR DE COCHES

EL HOMBRE QUE SE VOLVIÓ MUJER AL ENCONTRAR LO QUE BUSCABA

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LOCOS EN MI VIDA VI: TO SQUIRT OR NOT TO SQUIRT?

julio 5, 2008

Últimamente vengo observando que se están poniendo de moda las reivindicaciones que terminan con un “…YA!”. Así como Aurë reivindica el ¡Premio Nobel para Vargas Llosa YA!, Vania comenzó hace poco una campaña que consiste esencialmente en pedirme insistentemente vía messenger un ¡Post marrano YA!

En fin, como no tengo potestad para darle el premio Nobel a Vargas Llosa (que ya me gustaría), comenzaré con las reivindicaciones facilitas y luego ya nos ponemos con las complicadas. Con ustedes:

EL HOMBRE QUE SE VOLVIÓ MUJER AL ENCONTRAR LO QUE BUSCABA

Érase una vez un hombre, que a base de ver películas X, se empeñó en averiguar si eso del Squirting era realidad o sólo una leyenda. Buscó y buscó, investigó e investigó, experimentó con unas y otras, hasta que lo consiguió. Provocó uno con sus propias manos. No un surtidor de metro y medio de alcance que se ven en las pelis porno (porque eso sí que es mentira), sino una eyaculación femenina en toda regla, de las de verdad. Entonces, una vez conseguido el objetivo espetó a la “afortunada”:

-Ainss, qué asco, a partir de ahora teniendo en cuenta el peligro de explosión, casi que dejamos aparcado lo del sexo oral.

-Pero… esto… ejem… A ver, primero: como esto no es una peli porno, de explosión de largo alcance, nada. Y segundo: ¿No estabas deseando verlo en directo? ¿No te llena de orgullo masculino y testosterónico haberlo provocado? ¿No eras tú el que lo buscaba ahí dentro, que yo estaba de lo más feliz con mis orgasmos standard? ¿Y ahora soy yo la que se queda sin sexo oral mientras tú le cuentas a tus amiguetes lo que has conseguido hacerle a una tía? ¡Amosnomejodas!

-Pues sí. Es que… ahora que sé que te puede pasar, me da corte y no me apetece.

-Pero tú sabes cómo lo has provocado, y me consta que también sabes cómo provocar unos fantásticos orgasmos oralmente sin que eso pase, así que con que no hagas lo que has hecho, no hay peligro. Y además, si yo noto que va a pasar, incluso te puedo avisar. Un momento… ¿Pero esto no es lo que decís los tíos?

-Si, qué gracia. Pero… casi que no. Tranquila, hay muchas otras cosas que te hago que te gustan, no te preocupes por eso.

-Pues qué mal para mí, con lo bien que lo haces.

-Jejeje. Gracias. Pero no.

…………..

-Oye…

-¿Qué?

-¿Me la chupas?

-Vete a la mierda.

-Desde luego… Qué raras sois las tías.

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EL TÍO QUE TODOS DESEAMOS TENER

EL VENDEDOR DE COCHES


LOCOS EN MI VIDA V

noviembre 3, 2007

EL VENDEDOR DE COCHES

-Cómprame este coche, anda. Tienes que comprármelo. Ven a verlo y seguro que lo quieres comprar. Venga, cómpramelo, estoy deseando vendértelo. Te va a encantar conducirlo. Es que tengo vocación de vendedor de coches, me encanta vender coches. No es para tanto, no es como si te comprases un avión privado. Comprar un coche no es para tanto, deberías comprarme este coche. Y yo vendértelo. Cómprame el coche, porfa, porfa, porfa, porfa, porfa!!!

-Vale, qué manera de insistir… Vamos a verlo.

…………

-Ok, te lo compro.

-Lo siento, este coche nunca ha estado en venta.

-¿¿¿¿¿¿…??????

Puede que algún día llegue una versión sin metáforas de este capítulo, pero primero se me tiene que pasar el cabreo.

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EL TÍO QUE TODOS DESEAMOS TENER


LOCOS EN MI VIDA IV

octubre 28, 2007

EL TÍO QUE TODOS DESEAMOS TENER

Todo el mundo termina preguntándome en un momento u otro si las historias que cuento en esta serie son ciertas o qué narices hago para atraer a gente así. Por si quedan dudas lo proclamo aquí para que quede claro: Son absolutamente ciertas. Y la verdad, descartando que también conozco a gente que tiende a ser normal (o al menos, menos extravagante que la media), creo que la clave reside en la familia. Mi familia, aunque no demasiado numerosa, es bastante variadita: artistas, cerebritos, intelectuales, yoguis… vamos, de todo menos gente corriente. Semos asín de fantásticos, oiga. Pero de entre tod@s ell@s, sólo uno destaca para protagonizar un capítulo de esta sección: Mi tío F.

Sí, seguro todos vosotros tenéis un “tío raro”, pero os reto a todos a un concurso de rarezas contra el mío. F. es capaz de derrotar a todos vuestros parientes raros con las manos atadas a la espalda, los ojos vendados, dormido y a la pata coja. Creo que el éxito de la serie “Locos en mi vida” radica en que llevo toda la vida contando anécdotas sobre este señor. Sobre todo en Navidad, porque hace años que evito verle por todos los medios, y Nochebuena y Navidad son los dos únicos días del año en los que no me puedo librar. Y no hay año que no salga con algo que contar. Tengo amigos que esperan mi llamada en Nochebuena, a la hora que sea, para que les cuente qué ha pasado porque SIEMPRE pasa algo con este hombre.

Así que hablemos de F:

F. y yo no comenzamos nuestra relación con buen pie. Cuando yo tuve la ocurrencia de nacer, dejó de ser el pequeño de la casa y sufrió un caso agudo de síndrome del príncipe destronado. Normal: él sólo tenía veinticinco añitos, y va su hermano y se convierte en padre de una peduga de dos kilos y medio que llegó con el único propósito en la vida de quitarle el protagonismo. Menuda faena. Pero eso fue después de nacer yo. Parece que antes estaba ilusionado con eso de que llegase alguien nuevo a la familia, que quizá podría ser una niña para variar, ya que él sólo tenía hermanos. Por esa razón, justo antes de que mi madre entrase en el paritorio, paró a los enfermeros que transportaban la camilla, se acercó a ella y con aire solemne le dijo: “Cuñada, si puedes hacer algo en el parto, que sea niña”. Y ahí se quedó tan pancho esperando que mi madre le hiciese caso.

Mientras yo crecía y él intentaba madurar (a estas alturas todavía está en ello) tuvimos tiempo para limar asperezas. Nunca olvidaré esas dos veces en que me llevó a la piscina e intentaba convencerme de que debía mantenerme en la superficie del agua para respirar mientras él me daba una ahogadilla tras otra. Qué bonito. Gracias a él ahora soy una magnífica buceadora. O esos bonitos gritos y broncas con los que obsequiaba a toda la familia en los momentos más adecuados, como cumpleaños o navidades. Gracias a ellos se diferenciar una voz proyectada de una voz gritada, que me viene muy bien para mi profesión.

Pues bien, ahora que sólo nos vemos en navidades, la fuente del conflicto suele ser las viandas con las que vamos a celebrar tan “entrañables fiestas”. Hace unos años hubo una memorable ocasión: él insistió (y no veáis con qué insistencia es capaz de insistir) en internacionalizar la cena con el objeto de abrir nuestra rancia cultura judeo-cristiana a otras sociedades, más o menos avanzadas, en las que la gastronomía es diferente a nuestra obsoleta y capitalista costumbre, herencia del franquismo, la represión y la madre del cordero. En resumen: que no le apetecía pavo y que quería cenar Roastbeef. Pofale, pobueno, podacuerdo. En mi casa somos políglotas (osea, que comemos de todo), así que por no escucharle más decidimos no hacer pavo. Hicimos un roastbeef delicioso, justo en su punto, que daba gloria verlo y olerlo.

ROASTBEEF

Pues bien, la bronca de ese año fue porque éramos unos incultos y pésimos cocineros, ya que aparte de no tener ni idea de lo que era un roastbeef, la carne estaba cruda por dentro. Así que agarró una sartén, la llenó de aceite y frió allí su ración hasta que quedó bien churruscadita mientras nos enseñaba a ser cosmopolitas gastronómicamente hablando. Con dos cojones.

PRÓXIMAMENTE: LA NOCHEBUENA DEL POLLO AL LIMÓN.

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EL HOMBRE DE LAS BOLAS SALTARINAS


LOCOS EN MI VIDA III

octubre 10, 2007

EL HOMBRE DE LAS BOLAS SALTARINAS

Hace muchos, muuuuchos años, Glenclous se enrolló con el hermano de un amigo suyo al que llamaremos G. Una típica noche de pasión que quedó sólo en eso. Ambos lo pasaron bien pero tenían claro que no estaban hechos el uno para el otro, así que lo dejaron correr. Quedó como una simple anécdota entre la panda de amiguetes y cada uno siguió con su vida.

Otra noche, tiempo después, Glenclous, su amiga C y su amigo E (el hermano de G) estaban tomando unas copichuelas y, dado que los padres de E estaban fuera, decidieron que iban a cenar a su casa. El hermano de E, osea G, estaba allí, así que eso terminó siendo una cena de dos chicas y dos chicos. C y E tenían a sus respectivos, así que no iba a haber tema entre ellos, pero ¿qué iba a pasar entre G y Glenclous? Pronto lo sabréis…

La cena transcurrió tranquila con sus charlas, bromas y demás. A G se le veía algo inquieto, pero el chico era rarito de por sí, así que nadie le dio ninguna importancia. Al final de la cena C se fue a otra habitación para telefonear a su novio, y E se fue a la cocina a preparar café. Glenclous y G se quedaron solos en el salón y tras unos segundos de silencio incómodo, G se decidió a hablar:

-Pues lo estoy pasando bien, pero cuando habéis venido los tres me habéis fastidiado mis ejercicios diarios.

-Vaya, lo siento. No pretendíamos interrumpirte. Tu hermano sugirió que viniésemos a cenar y…

-No, no pasa nada, me lo estoy pasando muy bien. Es que yo hago unos ejercicios cada día…

-Eso ya me lo has dicho. Y dime, ¿los haces siempre con ese pijama que llevas puesto? Lo suyo sería ponerse un chándal o algo.

-No, no es necesario. Es que son unos ejercicios especiales secretos.

A esas alturas Glenclous dudaba entre preguntar más o dejar que él le contase, porque lo que era evidente era que se moría de ganas de hablar de esos famosos ejercicios. Así que optó por callarse y esperar a que soltara lo que fuera. Y al cabo de unos 20 segundos, G continuó.

-Vale, ya que lo preguntas, te lo contaré. Resulta que leí que hay unos ejercicios estupendos para la potencia sexual, que consisten en mover los testículos arriba y abajo.

Glenclous no daba crédito. Primero: ella no había preguntado, y segundo… ¿mover los testículos? ¿Estaba intentando seducirla o le estaba tomando el pelo? Los pensamientos se apelotonaban en su cabeza:

“Glenn, por lo que más quieras, no digas ni una palabra. Tú asiente, sonríe, y si la cosa se pone muy rara, con alzar un poco la voz, el hermano que está en la habitación de al lado vendrá. Calma y espera acontecimientos.”

Y ahí estaba G, sentado frente a ella en la mesa esperando alguna palabra de Glenclous para continuar. Pero ya que ella sólo sonreía y asentía ligeramente, siguió él solito:

-Vale, si quieres te enseño cómo se hacen…

Así que sin más se levantó, se bajó el pantalón del pijama y le mostró sus “joyas de la corona” en estado de laxitud. Entonces comenzó el fenómeno: Sin ayuda de sus manos, los testículos comenzaron a subir y bajar alternativamente. Cuando uno subía, otro bajaba ostensiblemente: Izquierdo-derecho, izquierdo-derecho, izquierdo-derecho…

Glenn sólo acertaba a pensar “esto no me está pasando, esto no me está pasando, esto no me está pasando” mientras procuraba poner cara de póker e intentaba cerrar un poco los ojos, porque los tenía tan abiertos que sus lentillas estaban a punto de saltar (vete a saber si hubiesen dado en el izquierdo o en el derecho…). Al cabo de cuatro o cinco “ejercicios” más, se oyó la puerta de la cocina, G se subió el pantalón rápidamente y dijo:

-No le digas a mi hermano que te he enseñado mis ejercicios. No quiero que piense que estoy loco.

Y en ese momento llegaron E con el café y C tras la charla con su novio. Y la velada continuó como si nada, al menos para ellos tres, porque Glenn no podía dejar de ver en su cabeza a esos dos pequeñuelos saltando dentro de su bolsita escrotal. Tan monos ellos, tan saltarines y surrealistas. Y ahí quedó todo: G no hizo ningún amago de seducción hacia Glenclous (ni ese día ni nunca más) y siguió con la charla como si nada. Y ella, pasados los años todavía se pregunta cual era la razón de que ese hombre estuviese tan interesado en que viese a sus pelotitas saltarinas. Un misterio sin resolver como otro cualquiera.

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EL BIBLIÓFALO


LOCOS EN MI VIDA II

octubre 5, 2007

EL BIBLIO-FALO

Érase una vez un señor profesor francés de un prestigioso colegio de Madrid. Un día conoció a Glenclous por una de esas casualidades casualidosas y estuvieron toda la tarde hablando de literatura. Al parecer la trayectoria lectora de la señorita Clous dejó al señor galo tan prendado que insistió en quedar otra vez con ella. Por entonces Glenclous era más inocente que una gaseosa de pito y pensó: “fíjate que chico más majo y con tan buena conversación, ¿porqué no?” Y ahí la fastidió del todo. Quedaron otro día con otro café delante y la charla fue de lo más amena, culta y amistosa. Y cuando monsieur le professeur le dijo que le encantaría invitarla a cenar, Glenclous le dijo que no tenía el cuerpo para ruidos porque estaba muy tocada por una relación que acababa de terminar. Pero don francés dejó muy claro que sólo estaba interesado en sus interesantes charlas, y que no buscaba ninguna relación, ni carnal ni sentimental. Casi se ofendió y todo. Así que Glenclous se lo tragó y aceptó.

Era un 23 de Abril, y teniendo en cuenta el detalle de que Glenclous había pasado media infancia en Cataluña y es una tierra que adora, el señor galo se presentó con un libro y una rosa. Qué bonito. Y la llevó a cenar a un restaurante fantástico, y coincidieron allí con media Unión Europea porque tomaron el café con unos amigos comunes en tres idiomas diferentes.

Pero héteme aquí que mientras Miss Clous disfrutaba de la velada, Mr. Francia se quedaba sin baba de ver que ella era capaz no sólo de leer y hablar de lo que había leído, sino de hacerlo en otros idiomas. Y mientras esto pasaba, Miss Clous no era consciente de que estaba ante un Bibliófilo en el sentido más pervertido de la palabra. No he sabido encontrar una palabra que defina esa parafilia, si es que está catalogada como tal: ¿Filosófilo? ¿Filosofálico? ¿Bibliófalo? Vamos, que le ponía como una moto oír hablar de libros, cultura o cualquier conversación mínimamente digna de Punset. Y Glenclous llevaba varios días dándole motivos de excitación a cascoporro.

Así que pasó lo que tenía que pasar: que Don-Profesor-Loco-De-Colegio-Elegante se obsesionó con Glenclous y comenzó a cortejarla unos días y a insultarla otros porque ella no respondía a sus cuitas amorosas. Y de paso a llamarla a horas intempestivas, a enviarle mensajes al móvil pidiéndole que leyese tal o cual libro para poder comentarlos, a llorar, a gritar, a suplicar, a difamar, a acosar… Vamos, lo típico que se hace cuando se está pirado.

Afortunadamente por esa época Glenclous estaba pensando en cambiar de teléfono, así que tuvo la oportunidad perfecta para librarse de las llamadas del Gabacho-que-se-empalmaba-hablando-de-libros cambiando de número.

Lo único que sacó en claro de toda la experiencia fue conocer el restaurante al que le llevó a cenar. Glenclous es una chica arriesgada y volvió a ir varias veces sin topar con este señor, aunque le gustó mucho más la carta de las cenas y las comidas que el Brunch de los domingos. Además suelen tener Enate Gerwürztraminer en la carta de vinos, lo cual es muy de agradecer.

En la actualidad Glenclous se pregunta a menudo si todos los extranjeros están así de pirados o son sólo los que le tocan a ella…

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HE CREADO UN MONSTRUO

julio 28, 2007

Sí, mis queridos amigüitos: creo que la he fastidiado con este blog.  Intervenciones como El efecto tirita o Locos en mi vida van a convertir mi vida sexual en un fantástico no parar o en un cero absoluto. Lo que está claro es que el término medio se ha terminado para mí.   

Mi preocupación comenzó la tarde en que quedé con uno de mis… de mis… leches, ¿cómo se podría denominar?  Dejémoslo en un Fijo Discontinuo.  El típico amigo con el que se comparten momentos de cama de vez en cuando, sin compromisos, sin que haga falta una escena de seducción previa o una retahíla de explicaciones posteriores.  Si nos vemos, estupendo.  Si no, pues vaya, pero no es el fin del mundo.   Los encuentros suelen reducirse a:

a)    Hola, qué tal, ve desnudándote.

b)    Polvete estupendo.

c)     Charla en la que nos ponemos al día de nuestras cosas desde el último encuentro. Risas, bromas, trabajo, novedades, etc. (imposible cambiar de orden los apartados b) y c), lo primero es lo primero)

d)    Polvete estupendo también, pero ya con más calma. 

e)    Vengastalapróxima.

No piensen mal de mi. O sí, hagan lo que quieran.  La cuestión es que en épocas de soltería estos ratitos me vienen muy bien pa lo mío.  Son lo que son: Sexo con amigos sin querer nada más.  Objetivo cumplido.  Prueba superada. 

El caso es que el otro día con este fijo discontinuo, durante el punto c) me comentó lo que le gustaba este blog, que se había reído con algunos post, etc.  (vamos, lo normal: ya he dicho alguna vez que este blog de humilde tiene poco).  Aunque luego me confesó que se sentía presionado de alguna forma por las consecuencias que nuestro encuentro pudiese tener. Uséase:

  1. Que no quería convertirse en el protagonista de algún capítulo de LOCOS EN MI VIDA.
  2. O no estar a la altura y ver la “prueba no superada” relatada aquí algún día.
  3.  O hacer alguna frikada de cualquier tipo que terminase plasmada en uno de mis post. 

Intenté tranquilizarle, aunque le dejé caer que todavía estaba esperando un pequeño comentario dando fe de la efectividad del menting, ya que él fue mi primer conejillo de indias con ese experimento. Así que no se si ser buena o mala con él…

En cualquier caso estas conversaciones me convencieron de que si mis fijos discontinuos leen este blog, se van a esforzar por quedar en buen lugar para que no hable de ellos, o si lo hago que sea para bien. Ahí salgo ganando. O también puede que me huyan porque no quieran arriesgarse.  Y ahí salgo perdiendo. En cualquier caso, ya sea en el mejor o en el peor de los sentidos, este blog va a conseguir que esté bien jodida.  La diferencia estribará en el espíritu aventurero de ellos, o en que jamás aparezcan por aquí.  ¿Qué será de mí a partir de ahora?